Cuánto gasto innecesario resulta de la desorganización y la confusión que imperan en la producción. Todas estas energías, que hoy se desperdician, se ahorrarán en la sociedad comunista.
En tercer lugar, la organización de la industria según un plan deliberado no solo nos ahorrará un derroche innecesario, en la medida en que la producción a gran escala es siempre más económica. Además, será posible mejorar la producción desde el punto de vista técnico, ya que el trabajo se llevará a cabo en fábricas muy grandes y con la ayuda de maquinaria perfeccionada.
Bajo el capitalismo, existen límites precisos para la introducción de nueva maquinaria.
El capitalista solo introduce nueva maquinaria cuando no puede conseguir una cantidad suficiente de mano de obra barata. Si puede contratar abundante mano de obra barata, el capitalista nunca instalará nueva maquinaria, ya que puede asegurar un beneficio amplío sin esa molestia.
El capitalista considera que la maquinaria es indispensable únicamente cuando reduce sus gastos en mano de obra bien pagada. Bajo el capitalismo, sin embargo, la mano de obra suele ser barata. Las malas condiciones que prevalecen entre la clase trabajadora se convierten en un obstáculo para el perfeccionamiento de la técnica de fabricación.
Esta secuencia causal es particularmente evidente en la agricultura. Aquí la fuerza de trabajo siempre ha sido barata y, por esa razón, la introducción de maquinaria en el trabajo agrícola ha sido sumamente lenta.
En la sociedad comunista, nuestra preocupación no será el beneficio, sino los trabajadores. Allí todo avance técnico será adoptado inmediatamente.