En un país donde la industria a gran escala no existe, y donde la producción es llevada a cabo por multitud de pequeños propietarios, será imposible organizar la industria incluso según las líneas del capitalismo de Estado. Sabemos perfectamente que la centralización de la industria solo es posible cuando la centralización del capital ha avanzado hasta cierto punto. Ahora bien, el capitalismo ruso ya había alcanzado esta etapa de centralización. Incluso los opositores al comunismo lo reconocían por el simple hecho de que consideraban posible que el Estado burgués «regulase la industria». El atraso de la vida económica rusa no consistía en la ausencia de grandes fábricas, pues había muchas; consistía en el hecho de que la industria manufacturera, tomada en su conjunto, era de escasa magnitud en comparación con la agricultura.
La inferencia lógica es que, a pesar de todas las dificultades, el proletariado ruso debe organizar la industria de manera proletaria y debe mantener su control sobre la industria hasta que llegue la ayuda desde Occidente.
En lo que concierne a la agricultura rusa, debemos establecer una serie de puntos focales en los que los camaradas lleven a cabo la producción cooperativa. Cuando, sin embargo, la industria manufacturera rusa sea capaz de unir sus fuerzas a la industria productiva de Occidente, entonces la organización conjunta de la producción nos permitirá rápidamente atraer a los pequeños productores y a los campesinos hacia una organización cooperativa general e inmensa.
Si, por ejemplo, existiera un gran sistema europeo de producción organizado por la clase obrera, entonces se podrían suministrar vastas cantidades de los productos de la industria urbana a los distritos rurales.