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nydus/The ABC of CommunismPublic
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La Segunda y la Tercera Internacional

últimos dirían: «¡Qué bonito! ¡Nos hicisteis todo el daño que pudisteis y ahora venís arrastrándoos a pedirnos ayuda! ¡Fuera de aquí!». Sería imposible organizar una huelga general. Cuando los trabajadores están desunidos, el capitalista es fuerte. Ahora que ha derrotado a su competidor, es capaz de vencer a sus trabajadores desunidos. Por un breve espacio de tiempo, los obreros de la fábrica de Schultz disfrutaron de salarios más altos, pero sus ganancias pronto se perdieron.

Lo mismo sucede en la lucha internacional. El Estado burgués es una liga de patronos. Cuando una de estas ligas se engorda a costa de las demás, es capaz de sobornar a los obreros. El colapso de la Segunda Internacional y la traición al socialismo por parte de los líderes del movimiento obrero ocurrieron porque estos líderes decidieron «defender» las migajas caídas de la mesa de los patronos y esperaban un aumento en la cantidad de dichas migajas.

Durante la guerra, cuando, a causa de la traición antedicha, los obreros se hallaban desunidos, el capital de todos los países les impuso terribles cargas. Los trabajadores llegaron a darse cuenta de su error de cálculo; llegaron a comprender que sus líderes los habían vendido por una bicoca.

Así comenzó el renacimiento del socialismo. Podemos comprender fácilmente que las primeras protestas provinieran de los obreros peor pagados y sin cualificación. La «aristocracia del trabajo» (los tipógrafos, por ejemplo) y los viejos líderes continuaron jugando un papel traidor.

No contenta con utilizar la consigna de la defensa de la patria (burguesa), la burguesía tiene otro medio con el que engañar y embaucar a las masas trabajadoras. Nos referimos al llamado pacifismo. Se le da este nombre al punto de vista según el cual, dentro del marco del capitalismo —sin ninguna revolución, sin ninguna sublevación de los trabajadores—,

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