enjugaran mutuamente las lágrimas, y solo dentro de su propio Estado libraran la lucha contra el enemigo. Los hermanos en la opresión y la esclavitud deben ser hermanos en una liga mundial para la lucha contra los capitalistas. Olvidando todas las diferencias nacionales que tienden a obstaculizar la unión, deben unirse en un gran ejército para librar una guerra conjunta contra el capitalismo. Solo cerrando filas en una alianza internacional de este tipo pueden aspirar a vencer al capitalismo mundial. Por eso, hace más de setenta años, los fundadores del comunismo, Marx y Engels, en su famoso Manifiesto Comunista, lanzaron la espléndida consigna: > “¡Proletarios de todos los países, uníos!”
Es fundamental que la clase obrera supere todos los prejuicios nacionales y enemistades nacionales. Esto es indispensable, no sólo para el ataque mundial contra el capital y para el completo derrocamiento del sistema capitalista, sino también para la organización de un único sistema económico mundial. La Rusia soviética no puede existir sin el carbón del Donetz, el petróleo de Bakú, el algodón de Turkestán; pero es igualmente cierto que Europa central y occidental no pueden prescindir de la madera, el cáñamo, el lino y el platino rusos, ni del trigo estadounidense; es igualmente cierto que para Italia el carbón británico es una necesidad vital, y que Gran Bretaña necesita urgentemente algodón egipcio, etc., etc. La burguesía se ha mostrado incapaz de organizar una economía mundial, y el sistema burgués ha naufragado ante esta dificultad. El proletariado es el único competente para organizar tal sistema con éxito. Para este fin, sin embargo, debe proclamar la consigna: «Todo el mundo y toda la riqueza que contiene pertenecen a todo el mundo del trabajo».