El aparato organizado de la producción social debe depender principalmente de los sindicatos.
Estos sindicatos deben liberarse cada vez más de los vínculos de oficio. Deben transformarse en enormes unidades productivas, que enrolen a la mayoría de los trabajadores, y a su debido tiempo a todos los trabajadores, en las respectivas ramas de la producción.
Por cuanto los sindicatos ya son (como se especifica en las leyes de la República Soviética y como se realiza en la práctica) participantes en todos los órganos locales y centrales que administran la industria, deben proceder a la concentración práctica en sus propias manos de la labor de administración en toda la vida económica del país, haciendo de esto su objetivo económico unificado. Protegiendo así la unión indisoluble entre la autoridad central del Estado, la economía nacional y las amplias masas de los trabajadores, los sindicatos deben inducir en la medida de lo posible a los trabajadores a participar directamente en la labor de administración económica. La participación de los sindicatos en la dirección de la vida económica, y la incorporación por parte de ellos de las amplias masas del pueblo a esta labor, se presentan al mismo tiempo como nuestra principal ayuda en la campaña contra la burocratización del aparato económico del Poder Soviético. Esto facilitará también el establecimiento de un control popular efectivo sobre los resultados de la producción.[§98.]