- La segunda cuestión fundamental es la del entorno de trabajo nocivo y las enfermedades profesionales y la mortalidad derivadas del mismo.
Consideremos, por ejemplo, la fabricación de fósforo. Lazarev informó que en las fábricas rusas de fósforo, donde no se empleaban medidas de precaución, cinco años bastaban para hacer del obrero un «cadáver viviente». En las fábricas de productos químicos, de vidrio, en las minas, etc., abundaban las llamadas enfermedades profesionales. Fenómenos similares eran observables en otras ramas de la producción. Las venas varicosas se producían en los trabajadores que tenían que permanecer de pie demasiado tiempo; la necrosis de la mandíbula en los trabajadores del fósforo; el envenenamiento mercurial, el envenenamiento arsénico, la tuberculosis, etc.
He aquí algunas cifras. En Inglaterra, durante los años 1900-1902, de entre 1000 muertes de personas dedicadas a diversas ocupaciones, las muertes por tisis fueron:
Según los informes del Dr. Baranov, la mortalidad por tisis en el proletariado era la siguiente:
Por las estadísticas alemanas sabemos que la mortalidad por tisis entre los pulidores de metales de Solingen era cuatro veces mayor que la de cualquier otra enfermedad.
- Además de causar enfermedades manifiestas, las malas condiciones de trabajo originan un deterioro general del físico de la clase obrera. Esto se manifiesta en el número creciente de hombres que no son aptos para el servicio militar. Año tras año hay un mayor número de personas con el pecho estrecho y de talla baja; y en el proletariado la proporción de tales personas es mucho mayor que entre otros estratos de la