Sin embargo, estos vestigios de enemistad intertribal no solo dejan de extinguirse, sino que en realidad cobran nueva vida cuando a las antiguas causas de inquina nacional se les añade un antagonismo de intereses de clase o la apariencia de dicho antagonismo.
La burguesía de cada país explota y oprime al proletariado de su propia tierra. Pero hace todo lo posible para convencer a su propio proletariado de que los enemigos de este último no se encuentran entre los compatriotas burgueses, sino entre los pueblos de otras tierras.
La burguesía alemana grita a los trabajadores alemanes: «¡Abajo los franceses! ¡Abajo los ingleses!».
La burguesía británica grita a los trabajadores británicos: «¡Abajo los alemanes!».
Las burguesías de todos los países, especialmente en los últimos tiempos, se unen al grito de: «¡Abajo los judíos!».
El objetivo de esto es desviar la lucha de clases de los trabajadores contra sus opresores capitalistas hacia una lucha entre nacionalidades.
La burguesía, sin embargo, en su deseo de desviar la atención de los obreros de la lucha por el socialismo, no se contenta con inflamar el odio nacional. Se esfuerza, además, por dar a los obreros un interés material en la opresión de otros pueblos. Durante la reciente guerra, cuando los burgueses entonaban el himno nacional alemán «Alemania, Alemania sobre todo», los economistas burgueses de Alemania trataron de convencer a los obreros alemanes de que estos últimos saldrían ganando mucho con la victoria, saldrían ganando con la opresión y el saqueo de los obreros de los países conquistados. Antes de la guerra, la burguesía tenía por costumbre sobornar a los dirigentes de la clase obrera con el señuelo de los beneficios obtenibles del