hecho, tiene una figura bastante pulcra y caballerosa. No tiene aletas en el lomo (la mayoría de las otras marsopas las tienen), posee una cola preciosa y ojos indígenas sentimentales de color avellana. Pero su jeta harinosa lo echa a perder todo. Aunque todo su lomo, hasta las aletas laterales, es de un negro marta intenso, una línea limítrofe, tan clara como la marca en el casco de un barco llamada la «cinta brillante», lo raya de proa a popa con dos colores separados: negro arriba y blanco abajo. El blanco comprende parte de su cabeza y toda su boca, lo que le hace parecer como si acabara de escapar de una visita delictiva a un costal de harina. ¡Un aspecto de lo más mezquino y harinoso! Su aceite es muy parecido al de la marsopa común.
Más allá del Duodécimo, este sistema no avanza, por cuanto la marsopa es la más pequeña de las ballenas. Arriba tenéis a todos los leviatanes de importancia. Pero hay una caterva de ballenas inciertas, esquivas, semitabulosas, que, como ballenero estadounidense, conozco de oídas, pero no personalmente. Las enumeraré por sus denominaciones de castillo de proa; pues posiblemente semejante lista sea valiosa para futuros investigadores, que puedan completar lo que aquí solo he comenzado. Si alguna de las ballenas siguientes fuera capturada y marcada en el futuro, podrá ser incorporada fácilmente a este sistema, según su magnitud de Folio, Octavo o Duodécimo:—La Ballena de Hocico de Botella; la Ballena de Aljorra; la Ballena de Cabeza de Pudín; la Ballena del Cabo; la Ballena Guía; la Ballena Cañón; la Ballena Desgarbada; la Ballena Aforrada de Cobre; la Ballena Elefante; la Ballena Iceberg; la Ballena Quog; la Ballena Azul; etcétera. A partir de fuentes islandesas, holandesas y del antiguo inglés, podrían citarse otras listas de ballenas dudosas, bendecidas con toda clase de nombres estrafalarios. Pero las omito por considerarlas totalmente obsoletas; y apenas puedo evitar sospechar que no son más que meros sonidos, llenos de leviatismo, pero que no significan nada.
Finalmente: