llamadas formaciones terciarias parecen los eslabones de unión —o al menos interrumpidos— entre las criaturas anticrónicas y aquellas cuya remota posteridad se dice que entró en el Arca; todas las Ballenas Fósiles descubiertas hasta el momento pertenecen al periodo terciario, que es el que precede inmediatamente a las formaciones superficiales. Y aunque ninguna de ellas se corresponde con exactitud con ninguna especie conocida de la actualidad, guardan, sin embargo, la suficiente afinidad con ellas en aspectos generales como para justificar su rango de fósiles cetáceos.
Fósiles rotos y sueltos de ballenas preadamitas, fragmentos de sus huesos y esqueletos, han sido hallados en los últimos treinta años, a diversos intervalos, en la base de los Alpes, en Lombardía, en Francia, en Inglaterra, en Escocia y en los estados de Luisiana, Misisipi y Alabama.
Entre los más curiosos de tales restos se cuenta parte de un cráneo que en el año 1779 fue desenterrado en la Rue Dauphine de París, una calle corta que desemboca casi directamente en el palacio de las Tullerías; y unos huesos desenterrados al excavar los grandes muelles de Amberes, en tiempos de Napoleón.
Cuvier dictaminó que estos fragmentos habían pertenecido a alguna especie leviatánica totalmente desconocida.
Pero con mucho, la más maravillosa de todas las reliquias de cetáceos era el esqueleto casi completo de un monstruo extinto, hallado en el año 1842 en la plantación del juez Creagh, en Alabama. > Los aterrorizados e crédulos esclavos de los alrededores lo tomaron por los huesos de uno de los ángeles caídos. Los médicos de Alabama lo declararon un reptil enorme y le otorgaron el nombre de Basilosaurus. Pero al llevarse algunos huesos de muestra a