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XCVI

matemática. Fue en la perola izquierda del Pequod, con la esteatita girando diligentemente a mi alrededor, donde por primera vez me llamó indirectamente la atención el notable hecho de que en geometría todos los cuerpos que se deslizan a lo largo de la cicloide, mi esteatita por ejemplo, descienden desde cualquier punto en exactamente el mismo tiempo.

Retirando el tablero parallamas de la parte delantera de las calderas, queda expuesta la mampostería desnuda de ese lado, atravesada por las dos bocas de hierro de los hornos, situadas directamente debajo de los peroles. Estas bocas están provistas de pesadas puertas de hierro.

El intenso calor del fuego se evita que se comunique a la cubierta mediante un depósito poco profundo que se extiende bajo toda la superficie cerrada de las calderas. Mediante un conducto introducido en la parte posterior, este depósito se mantiene abastecido de agua a medida que esta se evapora.

No hay chimeneas externas; estas se abren directamente desde la pared posterior. Y aquí volvamos atrás por un momento.

Eran más o menos las nueve de la noche cuando los fogones de prueba del Pequod se encendieron por primera vez en este viaje.

Le correspondía a Stubb supervisar la tarea.

—¿Todo listo ahí? Quitad la escotilla, pues, y ponedlo en marcha. Cocinero, enciende los hornos. Era esto tarea fácil, pues el carpintero había estado metiendo sus virutas en el hogar durante toda la travesía. Dase aquí a entender que en un viaje ballenero el primer fuego de los calderos ha de alimentarse por un tiempo con madera. Después no se usa madera alguna, excepto como medio de rápida ignición para el combustible principal.

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