Brit
Virando hacia el nordeste desde las Crozet, dimos con vastos prados de brit, esa sustancia menuda y amarillenta de la que se alimenta principalmente la Ballena Franca. Legua tras legua ondulaba a nuestro alrededor, de modo que parecía que navegábamos por campos sin límites de trigo maduro y dorado.
Al segundo día se avistaron numerosos ballenas francas, las cuales, a salvo del ataque de un cachalotero como el Pequod, con las fauces abiertas nadaban perezosamente a través del brit, el cual, al adherirse a las fibras marginales de esa maravillosa persiana veneciana que tenían en la boca, quedaba de ese modo separado del agua que se escapaba por los belfos.
Como segadores mañaneros que lado a lado avanzan lenta y espumeantemente con sus guadañas a través de la hierba larga y húmeda de praderas pantanosas; aun así nadaban estos monstruos, emitiendo un extraño sonido herbáceo y cortante, y dejando tras de sí interminables franjas de azul sobre el mar amarillo.
Pero era solo el sonido que hacían al partir la morralla lo que de algún modo recordaba a los segadores. Vistos desde los masteleros, sobre todo cuando se detenían y permanecían inmóviles por un tiempo, sus vastas formas negras se parecían más a masas inertes de roca que a cualquier otra cosa. Y al igual que en las grandes regiones de caza de la India, el forastero que pasa a lo lejos por las llanuras a veces pasa junto a elefantes tumbados sin saber que lo son, tomándolos por elevaciones del terreno desnudas y