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El bote y la tripulación de Ahab

Pero uno no puede mantener un aire indiferente respecto a Fedallah. Era una criatura como las que la gente civilizada y doméstica de la zona templada solo ve en sus sueños, y eso muy tenuemente; pero semejantes a los que de vez en cuando se deslizan entre las inmutables comunidades asiáticas, especialmente las islas orientales al este del continente —esos países aislados, inmemoriales e inalterables que, aun en estos tiempos modernos, conservan todavía mucho de la fantasmal naturaleza primigenia de las primeras generaciones de la tierra, cuando el recuerdo del primer hombre era un nítido recuerdo, y todos los hombres, descendientes suyos, sin saber de dónde venía, se miraban los unos a los otros como verdaderos fantasmas, y le preguntaban al sol y a la luna por qué habían sido creados y con qué fin; cuando, aunque según el Génesis los ángeles en verdad se unieron a las hijas de los hombres, los demonios también, añaden los rabinos no canónicos, se entregaban a amores mundanos.

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