la mano de Sem. > Me aterra esta existencia antemosaica y sin origen de los indescriptibles terrores de la ballena, la cual, habiendo estado antes de todo tiempo, bien debe existir después de que hayan
Pero no solo ha dejado este Leviatán sus huellas preadamitas en las planchas estereotipadas de la naturaleza, y en la caliza y la marga legado su antiguo busto; sino que sobre las tablillas egipcias, cuya antigüedad parece reclamar para ellas un carácter casi fosilífero, encontramos la inconfundible impronta de su aleta.
En una sala del gran templo de Dendera, hace unos cincuenta años, se descubrió en el techo de granito un planisferio esculpido y pintado, repleto de centauros, grifos y delfines, similares a las grotescas figuras del globo celeste de los modernos. Deslizándose entre ellos, el viejo Leviatán nadaba como antaño; nadaba allí, en aquel planisferio, siglos antes de que Salomón fuera acunado.
Tampoco debe omitirse otro extrañísimo testimonio de la antigüedad de la ballena, en su propia y ósea realidad posdiluviana, tal como lo consignó el venerable John Leo, el viejo viajero de Berbería.
“Not far from the Seaside, they have a Temple, the Rafters and Beams of which are made of Whale-Bones; for Whales of a monstrous size are oftentimes cast up dead upon that shore. The Common People imagine, that by a secret Power bestowed by God upon the Temple, no Whale can pass it without immediate death. But the truth of the Matter is, that on either side of the Temple, there are Rocks that shoot two Miles into the Sea, and wound the Whales when they light upon ’em. They keep a Whale’s Rib of an incredible length for a Miracle, which lying upon the Ground with its convex part uppermost, makes an Arch,