muertos». No te entregues, pues, al fuego, no sea que te devore, te insensibilice; como a mí me ocurrió por un tiempo. Hay una sabiduría que es dolor; pero hay un dolor que es locura. Y hay un águila de Catskill en ciertas almas que puede tanto descender en picado hasta las gargantas más negras, como salir volando de ellas y volverse invisible en los espacios soleados. Y aun si vuela para siempre dentro de la garganta, esa garganta está en las montañas; de modo que, incluso en su vuelo más bajo, el águila de las montañas está todavía más alta que los otros pájaros sobre la llanura, aunque estos alcancen el vuelo.
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