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III. La Posada del Soplador

—Vaya —dijo el mesonero, exhalando un largo suspiro—, ese es un sermón bastante largo para un tipo que reniega un poco de vez en cuando. Pero cálmate, cálmate, este tal arponero del que te he estado hablando acaba de llegar de los mares del sur, donde compró un montón de cabezas embalsamadas de Nueva Zelanda (grandes curiosidades, ya sabes), y las ha vendido todas menos una, y esa es la que intenta vender esta noche, porque mañana es domingo, y no estaría bien andar vendiendo cabezas humanas por las calles cuando la gente va a la iglesia. Quería hacerlo el domingo pasado, pero lo detuve justo cuando iba a salir por la puerta con cuatro cabezas enhebradas en una cuerda, igualitito a una ristra de cebollas.

Este relato despejó el por lo demás inexplicable misterio, y demostró que el dueño de la posada, después de todo, no había tenido la intención de tomarme el pelo; pero al mismo tiempo, ¿qué podía pensar de un arponero que pasaba la noche del sábado bien entrada la santa jornada dominical, metido en un negocio tan caníbal como la venta de cabezas de idólatras difuntos?

«Créame, patrón, ese arponero es un hombre peligroso».

—Paga religiosamente —fue la réplica—. Pero vamos, se está haciendo tardísimo, más vale que te vayas a la cama; es una buena cama; Sal y yo dormimos en esa bendita cama la noche en que nos casamos. Hay espacio de sobra para que dos pataleen en esa cama; es una cama requetegrande. Vaya, antes de dejarla, Sal solía meter a nuestro Sam y al pequeño Johnny a los pies. Pero una noche me puse a soñar y a dar manotazos, y no sé cómo, Sam salió disparado al suelo y por poco se rompe un brazo. Después de eso, Sal dijo que no podía ser. Ven por aquí, te daré luz en un abrir y cerrar de ojos; y diciendo esto encendió una vela y me la tendió, ofreciéndose a guiar el camino. Pero me quedé indeciso; al mirar un reloj en la esquina, exclamó: —¡Voto a bríos que es domingo! No vas a ver a ese arponero esta noche; ha tirado el ancla en alguna parte; ¡venga, pues; anda, ven; no vas a venir?

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