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LXVIII

Y esto no es todo. En algunos casos, para el ojo rápido y observador, esas marcas lineales, como en un grabado verdadero, no hacen más que servir de fondo para delineaciones muy distintas. Estas son jeroglíficas; es decir, si llamáis jeroglíficos a esos misteriosos cifras de las paredes de las pirámides, entonces esa es la palabra adecuada para usar en este contexto. Por mi memoria retentiva de los jeroglíficos de un cachalote en particular, me llamó mucho la atención una lámina que representaba los viejos caracteres indios cincelados en las famosas empalizadas jeroglíficas a orillas del Alto Misisipi. Al igual que esas rocas místicas también, la ballena de marcas místicas sigue siendo indescifrable. Esta alusión a las rocas indias me recuerda otra cosa. Además de todos los demás fenómenos que presenta el exterior del cachalote, no pocas veces muestra el lomo, y más especialmente los flancos, despojados en gran parte de su aspecto lineal regular debido a numerosos arañazos groseros, de un aspecto totalmente irregular y casual. Diría que aquellas rocas de Nueva Inglaterra en la costa, que Agassiz imagina que llevan las marcas de un violento contacto por rozamiento con vastos témpanos flotantes⁠—diría que esas rocas no deben de parecerse poco al cachalote en este detalle. También me parece que tales arañazos en la ballena son probablemente producidos por un contacto hostil con otras ballenas; pues los he observado más en los machos grandes y adultos de la especie.

Una palabra o dos más acerca de este asunto de la piel o grosor de la ballena. Ya se ha dicho que se le despoja de ella en tiras largas llamadas fajas de manta. Como la mayoría de los términos marineros, este es muy acertado y significativo. Pues la ballena está en verdad envuelta en su grasa como en una auténtica manta o colcha; o, mejor aún, en un poncho indígena deslizado sobre su cabeza que bordea sus extremidades. Es debido a este abrigado acolchado de

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