Parece haber cierto fundamento para imaginar que el gran Kraken del obispo Pontoppodan pueda en última instancia reducirse al calamar.
La manera en que el obispo lo describe, alternativamente emergiendo y hundiéndose, junto con otros pormenores que narra, en todo esto ambos se corresponden. Pero es necesario hacer un gran descuento respecto al tamaño increíble que le atribuye.
Por algunos naturalistas que han oído vagamente rumores de la misteriosa criatura aquí mencionada, se le incluye entre la clase de las sepias, a la que, en verdad, bajo ciertos aspectos externos parecería pertenecer, aunque solo como el Anak de la tribu.