hombre a vender sus servicios por el precio que pudiera obtener. La historia muestra que, hasta los tiempos modernos, la servidumbre personal obligatoria ha sido en todas las épocas y países el destino de una gran parte del género humano.
Y cuando se empezó a pagar por los servicios, las condiciones no mejoraron mucho.
En Inglaterra, en el siglo XIV, durante el reinado de Eduardo III, una pestilencia diezmó gravemente el país y redujo tanto la oferta de trabajadores que esta no bastaba para cubrir la demanda de mano de obra, por lo que los salarios empezaron a subir.
Se promulgaron entonces leyes que dictaminaban que todo hombre y mujer aptos del reino, de menos de sesenta años, «que no se dediquen al comercio ni ejerzan ningún oficio, ni tengan medios propios de vida, ni tierras en cuyo cultivo puedan emplearse, ni sirvan a ningún otro», estarían obligados a trabajar por los salarios que se solían pagar cinco años atrás.
A nadie se le permitió pagar un aumento sobre estos salarios, bajo pena de confiscar para la Corona el doble de lo que hubiese pagado.
Antes del siglo quince, los trabajadores de diversos oficios