De los productos menores de minas y canteras, el mármol, la arenisca, el bórax, la sal y el asfalto se encuentran todos, en mayor o menor medida, bajo el control de monopolios que, aunque de menor importancia y poder, muestran la misma tendencia hacia la destrucción de la competencia.
Por muy grande que sea el alcance que ha tenido el monopolio de la riqueza mineral del mundo, apenas podemos dudar de que, si el movimiento no se detiene, irá mucho más lejos.
En cierto sentido, las únicas necesidades absolutas de la vida son el alimento y el vestido. Pero para la civilización de hoy los metales y minerales no son menos indispensables; y estos no se pueden fabricar en ninguna parte, como los bienes manufacturados, ni cultivar en amplias extensiones, como los productos de la tierra.
Estamos absolutamente a merced de los hombres que poseen nuestros yacimientos de carbón, cobre y plomo, y es de esperar que saquen mayor partido de su ventaja industrial legal. Las combinaciones que existen se harán más fuertes y vinculantes, y se formarán otras nuevas.
El corner —acaparamiento— francés del cobre ha enseñado a los hombres que, bajo la amplia protección del derecho internacional, sus planes de conquista industrial pueden abarcar el mundo; y no cabe duda de que este corner temporal dará lugar finalmente a una combinación permanente y sólida, y de que el precedente sentado por este monopolio exitoso será seguido con entusiasmo por quienes deseen asegurar beneficios similares mediante el control de alguna otra forma de riqueza mineral.