Quizá aún no estemos preparados para debatir la cuestión de los remedios adecuados para los trusts; pero resulta demasiado obvio como para requerir comentarios que un remedio sencillo y sumamente eficaz es suprimir la protección contra la competencia extranjera bajo la cual prosperan, y dejar que se salven o se hundan como puedan.
Al menos será prudente reducir su protección hasta un punto en que cualquier intento de gravar a la nación de consumidores y cosechar beneficios exorbitantes elevando los precios de modo que puedan obtenerse ganancias del veinticinco por ciento o más, sea contrarrestado por la competencia extranjera.
Es justo señalar al mismo tiempo que este remedio está lejos de ser una panacea contra todos los trusts y monopolios. Los monopolios de los productos peculiares de este país no se verán afectados por él, y las combinaciones que abarcan el globo entero en su plan de operaciones escapan por completo a su poder. El sindicato del cobre y el trust de la