El lema de los Caballeros del Trabajo es auténtico, al margen del altruismo que encierra.
«Un perjuicio a uno es asunto de todos»,
porque la masa de la humanidad está conectada y entretejida por lazos tan fuertes de interés propio, así como de fraternidad, que una calamidad para cualquier clase o país se resiente en cierta medida en todo el mundo civilizado. Esto es muchísimo más verdad hoy que hace medio siglo.
Bajo las condiciones que existían entonces, la doctrina del laissez-faire —de que el gobierno debía limitarse a la prevención de la violencia y el crimen y al mantenimiento del honor y la integridad nacionales, dejando en paz a las industrias del país para que se desarrollasen y operasen según las leyes naturales— no era propicia para causar daño.
Pero las condiciones actuales han cambiado por completo. La interdependencia de la comunidad implica una interresponsabilidad moral, y ha llegado el momento de reconocer esto convirtiéndola también en una responsabilidad legal.
Estamos ya listos para considerar en detalle esta interrelación de la sociedad, y para examinar las leyes naturales que la rigen. Ya hemos afirmado el hecho de que, en términos generales, cada hombre se dedica a satisfacer las necesidades de sus prójimos porque de ese modo, mejor que de cualquier otro, puede satisfacer las propias. Nos resultará fácil comprender esto si concebimos que cada hombre pone los productos de su trabajo, de cualquier clase que sean, en un