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nydus/Monopolies and the PeoplePublic
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XIII. Influencias ameliorantes.

Es de este modo como empezamos a discernir las fallas e imperfecciones de nuestro actual sistema industrial y a reconocer que el progreso hacia cosas mejores se halla en reconocer, no en encubrir, estas fallas, y en hacer todo lo que esté en nuestro poder para remediarlas. En esta labor la Iglesia cristiana debería estar a la vanguardia; y una gran proporción de sus pastores, acostumbrados a una apreciación sincera y compasiva de los males sociales, se cuentan entre los primeros en secundar los esfuerzos de los reformadores modernos. De las bases de la Iglesia, sin embargo, hay que decir con pesar que son eminentemente conservadoras; y que, con muchísimas excepciones notables, ciertamente no están a la cabeza en los esfuerzos por equilibrar las injusticias que han germinado bajo las leyes de la competencia. Se debe en gran parte a que el proceder de los cristianos es a este respecto tan incongruente con su profesada creencia en esa gran doctrina del origen divino y la fraternidad universal del hombre, por lo que la Iglesia está perdiendo el respeto de las clases trabajadoras. Tampoco recuperará ese respeto hasta que demuestre con pruebas inequívocas a los hombres que trabajan con sus manos que está viva ante los problemas de actualidad —viva ante la injusticia de la sociedad actual—, y que el amor del gran Maestro de la Iglesia por sus almas encuentra eco en un anhelo en los corazones de sus seguidores por el bienestar terrenal de aquellos.

Pero también debe decirse que, salvo en cuanto la asumen, la responsabilidad de quienes están dentro de la Iglesia no es mayor que la de quienes están fuera. * Todos los hombres por igual son hermanos; y es un lazo mucho mayor, muchísimo mayor que el del egoísmo el que nos une en una sociedad

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