exigiendo atención y acción, mientras los asuntos del pueblo marchan por muy mal camino.
Ha parecido necesario discutir así brevemente estas dos teorías opuestas de la sociedad, el individualismo y el societismo, con el fin de mostrar la inviabilidad de cualquiera de ellas cuando se aplica a la sociedad de hoy sin la limitación y modificación de la otra; y [de que] al adoptar o rechazar cualquier remedio que pueda proponerse para los males industriales que hemos discutido, debemos guiarnos por los hechos tal como los encontramos, y no por una adhesión ciega a principios abstractos.
Reunamos ahora las decisiones más destacadas a las que hemos llegado en toda nuestra investigación anterior.
Hemos descubierto que está en marcha una gran revolución industrial, mediante la cual la manufactura, la minería y el transporte, en grandísima medida, y otras industrias, en medida considerable, han sido y están siendo concentradas en manos de muy pocos competidores.
Hemos comprobado que, por las leyes de la competencia, esta reducción en el número de competidores aumenta enormemente la intensidad de la competencia y el despilfarro y la inestabilidad de precios resultantes, y finalmente hace surgir el monopolio.
Hemos determinado que este monopolio constituye una grave vulneración de los derechos del pueblo, y hemos descubierto que las pérdidas debidas a la intensa competencia y a los infructuosos intentos de derrotar al monopolio añadiendo nuevas unidades competidoras han dilapidado la riqueza de la nación en incontables millones.
Nos disponemos ahora a considerar los remedios propuestos para estos males.