de entre los muertos. Vaya, ¿cómo te las arreglaste para zafarte? ¿Qué vonsonaste por allá? ¿Y cómo pudiste escaparte de la cena? ¡Hay que tener la cara de cemento! Yo mismo la tengo, ¡pero lo tuyo me sorprende, hermano! ¡Súbete, súbete! Déjalo pasar, Iván. Será divertido. Puede tumbarse a nuestros pies en alguna parte. ¿Te tumbarás a nuestros pies, Von Sohn? O acomódate en el pescante con el cochero. ¡Salta al pescante, Von Sohn!
Pero Iván, que ya para entonces había tomado su asiento, sin decir una palabra le dio a Maksimov un violento puñetazo en el pecho y lo mandó a volar. Fue de puro milagro que no cayera.
—¡Sigue adelante! —gritó Iván furioso al cochero.
—Pero bueno, ¿qué haces, en qué andas? ¿Por qué has hecho eso? —protestó Fiódor Pávlovich.
Pero el carruaje ya se había alejado. Iván no respondió.