a gritar y a abalanzarme sobre ella como lo hice hace un momento? ¡Señores, perdónenme! Pero ahora, ahora ya estoy consolado.
Y se dejó caer de nuevo en el sillón y, cubriéndose el rostro con las manos, rompió a llorar. Pero eran lágrimas de felicidad.
Se repuso al instante. El viejo capitán de policía parecía muy complacido, y los abogados también. Sentían que el interrogatorio entraba en una nueva fase.
Cuando el capitán de policía salió, Mitia estaba francamente alegre.
—Ahora, señores, estoy a su disposición, enteramente a su disposición. Y si no fuera por todos estos detalles triviales, nos entenderíamos en un minuto. Ya estoy otra vez con los detalles. Estoy a su disposición, señores, pero declaro que debemos tener confianza mutua, ustedes en mí y yo en ustedes, o esto no tendrá fin. Hablo en interés