remoto pasado de Grúshenka —aunque ella nunca lo hubiera amado—, y que ahora él mismo era cosa del pasado, un asunto totalmente acabado y, por decirlo así, inexistente. Además, Mitia apenas lo consideraba un hombre, pues en toda la ciudad se sabía que no era más que un guiñapo destrozado, cuyas relaciones con Grúshenka habían cambiado de cariz y ahora eran simplemente paternales, y que esto había sido así desde hacía mucho tiempo.
En cualquier caso, había mucha ingenuidad por parte de Mitia en todo esto, pues a pesar de todos sus vicios, era un hombre de corazón muy sencillo. Un ejemplo de esta ingenuidad era que Mitia estaba sinceramente convencido de que, estando en vísperas de su partida al otro mundo, el viejo Kuzmá debía arrepentirse sinceramente de sus pasadas relaciones con Grúshenka, y que ella no tenía en el mundo más devoto amigo y protector que este anciano ahora inofensivo.
After his conversation with Alyosha, at the crossroads, he hardly slept all night, and at ten o’clock next morning, he was at the house of Samsonov and telling the servant to announce him. It was a very large and gloomy old house of two stories, with a lodge and outhouses. In the lower story lived Samsonov’s two married sons with their families, his old sister, and his unmarried daughter. In the lodge lived two of his clerks, one of whom also had a large family. Both the lodge and the lower story were overcrowded, but the old man kept the upper floor to himself, and would not even let the daughter live there with him, though she waited upon him,