hecho el año anterior una marca a lápiz para indicar su estatura, y desde entonces, cada dos meses, se medía ansiosamente contra ella para ver cuánto había crecido. ¡Pero ay! Crecía muy lentamente, y esto a veces lo reducía casi a la desesperación. Su rostro no era en realidad ni mucho menos «horrible»; al contrario, resultaba bastante atractivo, de piel clara y pálida, con pecas. Sus ojos grises, pequeños y vivaces, tenían una mirada intrépida y a menudo brillaban con sentimiento. Tenía los pómulos bastante salientes; labios pequeños, muy rojos, pero no muy gruesos; su nariz era pequeña y de forma inequívoca respingona. > «Tengo una auténtica nariz de ñoñu, una auténtica nariz de ñoñu», solía mascullar Kolia para sus adentros cuando se miraba en el espejo, y siempre se apartaba de él con indignación. «Pero ¿acaso no tengo una cara inteligente?», pensaba a veces, dudando incluso de eso. Pero no debe suponerse que su mente estuviera ocupada en su rostro y su estatura. Al contrario, por muy amargos que fueran para él los momentos ante el espejo, los olvidaba rápidamente, y los olvidaba por mucho tiempo, «entregándose por completo a las ideas y a la vida real», como él mismo se lo
Aliosha salió con rapidez y se apresuró hacia Kolia. Antes de que llegara a su altura, Kolia pudo ver que tenía cara de estar encantado. > «¿Estará tan contento de verme?», se preguntó Kolia, sintiéndose halagado. Podemos señalar aquí, de pasada, que el aspecto de Aliosha había experimentado un cambio completo desde la última vez que lo vimos. Había abandonado la sotana y vestía ahora una americana bien cortada, un sombrero suave y