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nydus/The Perfume of ErosPublic
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III. Las Puertas de la Vida

Las puertas de la vida

En su salón del Arundel estaba sentada Marie. Era casi medianoche. Horas antes había cenado.

Desde entonces había deambulado de una habitación a otra, de una silla a otra, preguntándose si vendría Loftus. A veces venía. Más a menudo no lo hacía. Nunca lo sabía de antemano. Era como a él le placía.

Siempre la incertidumbre la irritaba. Pero en esta tarde era particularmente enervante. Había llegado a las puertas de su resistencia. No podía soportar más. Tenía que cruzarlas, cruzarlas o retroceder, adónde no sabía, pero a alguna parte, a algún plano en el cual, aunque la vida la abandonara, al menos su degradación se evitaría.

Al principio, en los viejos tiempos, cuando lo conoció en la guarida de la ex primera dama, a ella le había parecido que la vida estaría incompleta sin él. Después le había parecido que con él se colmaría hasta el extremo. Más tarde se había desencadenado la larga serie de desengaños. En París la había afligido enormemente. Allí, tras una serie de esas cosas, insignificantes en sí mismas pero que, al acumularse, se vuelven montañosas, ella se había visto obligada a considerar no su amor por él, sino la naturaleza del amor que él sentía por ella. En él había una reticencia que desconcertaba, profundidades a las que ella no podía llegar.

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