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nydus/The Perfume of ErosPublic
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VII. Held Without Bail

Cuando fue acusado, si hubiera dicho: «Vaya, sí, lo hice, y usted o cualquier otro hombre habrían hecho lo mismo», ahí, ¿no lo ve?, podría haber habido una excusa. Pero nada de eso. Por activa y por pasiva negó ser el culpable.

Una negativa como esa tiene, sin embargo, sus méritos. Pone sobre la acusación la carga de la prueba.

Además, si has hecho algo que no debieras, es puro sentido común decir que no lo has hecho, decirlo a pesar de los hechos, a pesar de las pruebas, a pesar de todo y de todos.

Pues si confiesas, ahí te quedes, mientras que si no lo haces, por mucho que se presente, puedes lograr sembrar una duda y plantarla en el jurado.

Pero en este caso la negativa fue más útil de lo que ordinariamente habría podido ser debido a que hasta el momento no se había presentado a nadie que pudiera decir que había andado por allí mientras Annandale estaba en ello.

Estos puntos se los expuso Orr a Sylvia. La sofistería de los mismos le desagradó. No le gustó, y así lo expresó.

—Sin embargo, lo sacará en libertad —respondió Orr con confianza—. A menos que —se apresuró a añadir—, aparezca de pronto un testigo del acto en sí. Entonces, salvo que ocurra un milagro, estará perdido. Pero de otro modo lo sacaré en libertad. Puede que tome uno o dos años, pero lo lograré.

“No quiero que lo libres de cargos”, replicó Sylvia con desdén. “Quiero que lo vindiquen”.

—Verá usted, sin embargo —continuó Orr con inalterable calma—, si apareciera un testigo, un testigo, digamos, al que yo no pueda desacreditar, la vindicación será difícil. Será difícil hacerle creer a doce imbéciles en un banquillo que cuando Annandale le disparó a Loftus…

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