Marie Cambia Su Nombre
Gay Street ya no conocía a Marie. La calle Veintidós hizo su conocimiento. Allí, en el Arundel, un edificio de apartamentos que está justo a la vuelta de Gramercy Park, Loftus le consiguió alojamiento.
Estas habitaciones, que para él resultaban cómodas, para ella eran temporales. Las consideraba como una tienda de campaña en el camino hacia las pistas. Incluso bajo esa luz eran atractivas. Aunque pequeñas, estaban amuebladas con esmero y formaban lo que los agentes inmobiliarios llaman un «bijou».
Loftus, que tenía caprichos que la muchacha consideraba poéticos, prefería «pajarera». Prefería también que ella cambiase de apellido. Durand le parecía sumamente plebeyo. Mentalmente barajaba opciones. Se le ocurrió Leroy. Tenía en él un eco de Francia y también del viejo Nueva York. Como tal, le atraía a él y, por consiguiente, a ella. Allí mismo y en el acto, Marie pasó a ser la señorita Leroy y, dicho sea de paso, muy ocupada.
Todos los días Annette, Juliette y Marguerite le hacían probarse vestidos. Había sombreros a juego con esos vestidos. Había lencería que elegir, tejidos tan inmateriales como rayos de luna, batistas que se podían pasar a través de un anillo. Además, estaban el signor Tambourini, que debía enseñarle a dominar su voz, y el barón Mesnilmontant, que debía enseñarle a dominar un caballo.