Codal
nydus/The Perfume of ErosPublic
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III. La ex primera dama

abandonar lo que llamaba su beesness. He aquí, pues, a esta muchacha, bonita como un cuadro, con una hermosa voz de contralto, con aspiraciones enteramente mundanas, con alas, por decirlo así, encerrada en la calle Gay, hambrienta allí espiritual y mentalmente.

Gay Street se extiende a espaldas de Jefferson Market. De forma abocinada, traza una curva breve, perdida y lúgubre por una zona que, aunque a solo una o dos cuadras de la Quinta Avenida, resulta casi mísera. En un extremo de su corta curva hay una taberna, en el otro, una botica.

Fue de este boticario que Loftus supo el nombre de Marie —o creyó saberlo—. Pues, sin querer, el hombre confundió las cosas como sus medicamentos y le proporcionó a Loftus el nombre de una joven que vivía en una casa contigua a aquella en la que Loftus había visto entrar a la muchacha.

Lo más interesante es el hecho de que, aunque, mientras la seguía por allí, ella no había mirado ni a la derecha ni a la izquierda, ni a ninguna parte que no fuera estrictamente al frente, había sido plenamente consciente de que él iba detrás de ella.

¿Cómo? No podemos saberlo. Es uno de los misterios de la feminidad.

Pero una vez a salvo dentro, con audacia se asomó. Loftus estaba cruzando la calle. Al poco rato entró en la tienda. A qué, a Marie no le tomó más de un minuto adivinarlo.

Más tarde ese mismo día apareció un camión de reparto en aquella calle. En él estaba escrito el nombre de una floristería de Broadway. Desde que se tiene memoria, jamás había sucedido algo semejante. Del vehículo había saltado un mozo de cuadra y, fíjense ustedes, con rosas. Aquello también era un fenómeno. Sin embargo, a partir de

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