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nydus/The Perfume of ErosPublic
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VII. Held Without Bail

—Oh —dijo Orr con una reverencia—, esto es magnífico.

Pero él quería decir heroico. Dadas la naturaleza de la muchacha, sin duda lo era. Lo que es más, resultaba útil. Con Fanny fuera de juego, el único que quedaba para testimoniar cualquier amenaza era Harris, y la palabra de Annandale era tan buena como la suya, mejor incluso, pues el valor del testimonio del sirviente se pesaría en una balanza en la cual uno de los platillos contendría los dólares del Chronicle.

Orr se lo dijo a Sylvia, pero al parecer las opiniones de él no le parecieron muy novedosas a ella. Le resultó evidente que ella ya lo había pensado todo por sí misma.

—Además —continuó al poco rato e inconexamente—, la culpa es mía. Si no hubiera sido estúpida con él, no habría habido nada sobre lo que amenazar.

Eso, pensó Orr, era poner los puntos sobre las íes. Pero no le importaba. Estaba contento con ella. Su respeto por ella había aumentado. Si hubiera sido el tipo de prima que permitía tal cosa allí mismo, la habría besado.

Sin embargo, sentía que ella merecía alguna compensación. Como resultado, la entrevista que ella pidió la concertó al poco tiempo.

En circunstancias que para ella eran tan trágicas como humillantes, vio a Annandale en la sala de visitas de The Tombs.

La sala en sí no era del todo espantosa y, aunque había un celador presente, estaba fuera del alcance del oído, muy distraído, sumamente educado y, dicho sea de paso, generosamente pagado.

Orr la aguardaba en la puerta. Cuando volvió a reunirse con él, tenía los ojos húmedos.

Orr la miró. Se le vino a la cabeza una nubecilla de melodía.

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