Codal
nydus/The Perfume of ErosPublic
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comprenderlo. Cuando al fin lo hizo, no podía creerlo. Pero ahí estaba. Entonces experimentó de inmediato la agonía que sobreviene cuando batallamos en sueños con lo intangible y el espanto, cuando sabemos que es un sueño y aun así sentimos que es la muerte.

—Todo es culpa mía —exclamó. No encontró otra cosa.

En ese momento se hallaba en esa condición que precede al gran tumulto del llanto, cuando la estrangulación de la agonía se mitiga y los nervios contraídos se relajan. Pero las lágrimas no llegaron.

El dolor era infinito. Había un peso que sentía no por fuera sino por dentro, un peso tan pesado que pensó que no podría soportarlo. La torturaba. Solo su mente estaba activa.

—Es culpa mía —repitió—. Y mi cruz —añadió luego.

De una crisis como esta, en una naturaleza como la suya, el alma sale

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