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nydus/The Perfume of ErosPublic
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VII. Held Without Bail

horno la muchacha habría preferido quedarse. Pero ante esa preferencia su madre se había rebelado. Contra Newport Sylvia se había rebelado también. No estaba de humor para su algarabía. Finalmente se sugirió un pequeño lugar en Long Island. A la postre, allí fueron.

Fue en este lugar donde Sylvia se enteró por la señora Price de la enfermedad de Fanny.

Fanny la había decepcionado enormemente. Que hubiera llegado siquiera a contemplar el paso que tenía en mente le parecía a Sylvia indecible. Su amenaza, además, respecto a testificar contra su esposo no era en tales circunstancias sino la flagrante confesión de su amor por el otro hombre.

Sin embargo, ¡cuán duramente había sido castigada por ese amor! Quizá ahora se arrepintiera de ello. Quizá ahora, en su enfermedad, necesitara a alguien ante quien desahogar su corazón.

Ante tal pensamiento, Sylvia le escribió de inmediato a la señora Price preguntándole si no podía ir a verla. Pero a esto la señora Price respondió que Fanny, tras un ataque de prostración nerviosa, padecía ahora de tifoidea, aunque con todas las perspectivas y garantías de recuperación. Cuando volviera a levantarse, entonces, si Sylvia iba, sería, añadió la señora Price, un gesto amable de su parte.

Hay un refrán tan trillado como verídico que dice que debemos apresurarnos a valorar a quienes amamos no sea que nos abandonen para siempre antes de haberlos querido lo suficiente.

Hay otro refrán menos cierto y más trillado que afirma que de los que parten solo debe hablarse bien.

A Sylvia le vinieron a la memoria estos dichos poco después. Dos días tras la recepción de la carta de la señora Price, leyó en los periódicos que Fanny había muerto.

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