Me parece además, al echar la vista atrás, que no hubo en todo aquello nota más extraordinaria que el simple hecho de que, a pesar de mi tensión y del triunfo de ellos, jamás perdí la paciencia con ellos.
¡Adorables debían de ser en verdad, reflexiono ahora, para que en aquellos días no llegara a odiarlos! ¿Me habría traicionado al fin la exasperación, sin embargo, de haberse pospuesto por más tiempo el alivio?
Poco importa, pues el alivio llegó. Lo llamo alivio, aunque no era sino el alivio que un chasquido aporta a una tensión o el estallido de una tormenta a un día sofocante. Fue al menos un cambio, y llegó de golpe.