en el que algo se acumula o se agazapa. El cambio fue en realidad como el salto de una bestia.
En las primeras semanas los días eran largos; a menudo, en su máximo esplendor, me daban lo que solía llamar mi propia hora, la hora en que, para mis alumnos, habiendo ido y venido la hora del té y la de acostarse, yo disponía, antes de mi retirada definitiva, de un pequeño intervalo a solas. Por mucho que me gustaran mis compañeros, esta hora era lo que más me gustaba del día; y me gustaba por encima de todo cuando, al desvanecerse la luz —o más bien, debería decir, al demorarse el día y resonar los últimos cantos de los últimos pájaros, en un cielo sonrosado, desde los viejos árboles—, podía dar una vuelta por los jardines y disfrutar, casi con un sentimiento de propiedad que me divertía y halagaba, de la belleza y la dignidad del lugar. Era un placer en esos momentos sentirme tranquila y justificada; sin duda, tal vez también reflexionar que, con mi discreción, mi tranquilo buen sentido y mi general y elevada decorosidad, le estaba dando un placer —¡si es que él alguna vez pensaba en ello!— a la persona a cuya presión había respondido. Lo que estaba haciendo era lo que él había deseado fervientemente y me había pedido directamente, y el hecho de que pudiera, después de todo, hacerlo demostró ser una dicha aún mayor de la que había esperado. Me atrevo a decir que me imaginaba, en suma, una joven notable y me consolaba en la fe de que esto se manifestaría más públicamente. Pues bien, necesitaba ser notable para plantar cara a las cosas notables que pronto dieron su primera señal.
Se materializó, una tarde, en medio de mi hora predilecta: los niños ya estaban acostados, y yo había salido a dar mi paseo. Uno de los pensamientos que, sin reparo alguno en señalarlo ahora, solía acompañarme en estas andanzas era que resultaría tan encantador como un cuento de hadas tropezarse de repente con alguien. Alguien aparecería allí al doblar un sendero, se plantaríante mí, me sonreiría y me daría su aprobación. No pedía más que eso; solo pedía que él lo supiera, y la única