Codal
nydus/The Turn of the ScrewPublic
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X

Había habitaciones vacías en Bly, y no era más que cuestión de elegir la adecuada. La adecuada se me presentó de repente como la de abajo —aunque muy por encima de los jardines—, en el sólido rincón de la casa de la que he hablado como la torre vieja. Se trataba de una cámara grande y cuadrada, amueblada con cierta suntuosidad como dormitorio, cuyo tamaño exagerado la hacía tan incómoda que, a pesar de ser conservada por la señora Grose en un orden ejemplar, no había sido ocupada en años. A menudo la había admirado y me movía por ella con soltura; no tuve más que, tras dudar un instante ante la fría penumbra inicial de su desuso, cruzarla y descerrajar con la mayor siguridad posible uno de los contriventes.

Al cabo de este tránsito, descubrí el cristal sin hacer ruido y, pegando la cara al vidrio, pude comprobar, al ser la oscuridad de afuera poco menor que la de adentro, que me hallaba en la dirección correcta.

Entonces vi algo más.

La luna hacía que la noche fuera extraordinariamente penetrable y me mostró en el césped a una persona, empequeñecida por la distancia, que estaba allí inmóvil y como fascinada, mirando hacia donde yo había aparecido⁠—mirando, es decir, no tanto directamente a mí como a algo que al parecer estaba por encima de mí.

Había claramente otra persona por encima de mí⁠—había una persona en la torre; pero la presencia en el césped no era en absoluto lo que yo había imaginado y a cuyo encuentro me había apresurado con confianza.

La presencia en el césped⁠—sentí náuseas al distinguirla⁠—era el pobre pequeño Miles en persona.

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