Codal
nydus/The Turn of the ScrewPublic
Página 167 de 181
Table of Contents

XXII

“Entonces, ¿por qué no la bajaste antes?”

«¿Antes de qué?»

“Antes de que estuviera demasiado enferma para viajar”.

Me hallé dispuesta. «No está demasiado enferma para viajar: solo podría haberlo estado de haberse quedado. Este era el momento preciso que debíamos aprovechar. El viaje disipará la influencia»⁠—¡oh, estuve magnífica!⁠—«y la hará desaparecer».

«Ya veo, ya veo»⁠—Miles, a decir verdad, también estuvo magnífico. Se sentó a su banquete con los encantadores «modales de mesa» que, desde el día de su llegada, me habían librado de toda amonestación grosera. Por lo que fuera que lo hubiesen expulsado del colegio, no había sido por comer con fealdad. Estaba irreprochable, como siempre, hoy; pero era innegablemente más consciente. Se nota que intentaba dar por sentadas más cosas de las que encontraba, sin ayuda, del todo fáciles; y cayó en un apacible silencio mientras sondeaba su situación. Nuestra comida fue de lo más breve⁠—la mía un vano simulacro⁠—, y mandé a retirar las cosas de inmediato. Mientras lo hacían, Miles volvió a quedarse de pie con las manos en los bolsillos y la espalda hacia mí⁠—de pie, mirando por el amplio ventanal a través del cual, aquel otro día, había visto lo que me detuvo. Seguimos en silencio mientras la criada estuvo con nosotros⁠—tan en silencio, se me ocurrió caprichosamente, como una joven pareja que, en su viaje de bodas, en la posada, se siente cohibida en presencia del camarero. Se dio la vuelta solo cuando este nos dejó. «Bueno⁠—¡así que estamos solos!».

167