Su expresión, ante esto, se volvió extraordinaria.
«¡Dios sabe dónde! Se murió».
—¿Muerto? —casi chillé.
Pareció plantarse bien, afirmarse con más firmeza para pronunciar lo increíble de aquello.
—Sí. El señor Quint está muerto.
Su expresión, ante esto, se volvió extraordinaria.
«¡Dios sabe dónde! Se murió».
—¿Muerto? —casi chillé.
Pareció plantarse bien, afirmarse con más firmeza para pronunciar lo increíble de aquello.
—Sí. El señor Quint está muerto.