ello— un semblante de mísera derrota. Eso hizo brotar de nuevo toda su compasión por mí, y ante el renovado toque de su bondad mi capacidad de resistencia se derrumbó. Rompí a llorar, tal como la otra vez la había hecho llorar a ella; ella me llevó a su seno maternal, y mi lamentación desbordó. —¡Yo no lo hago! —sollocé con desesperación—; ¡no los salvo ni los protejo! Es mucho peor de lo que soñé... ¡están perdidos!
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VII
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