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nydus/The Story of My Experiments with TruthPublic
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Table of Contents

XXI

Una mirada al ashram

Antes de proceder a describir el curso del conflicto laboral, es fundamental echar un vistazo al Ashram. Todo el tiempo que estuve en Champaran el Ashram nunca se apartó de mi mente, y de vez en cuando lo visitaba fugazmente.

Por entonces el Ashram estaba en Kochrab, un pequeño pueblo cerca de Ahmedabad. Estalló la peste en este pueblo, y vi un peligro evidente para la seguridad de los niños del Ashram. Era imposible mantenernos inmunes a los efectos de la insalubridad circundante, por escrupulosamente que observáramos las reglas de limpieza dentro de los muros del Ashram. Por entonces no éramos capaces ni de lograr que la gente de Kochrab observara estas reglas ni de servir al pueblo de otro modo.

Nuestro ideal era que el Ashram estuviera a una distancia prudente tanto de la ciudad como de la aldea, y a la vez a una distancia manejable de ambas. Y estábamos determinados a establecernos algún día en un terreno propio.

La peste, sentí, era aviso suficiente para abandonar Kochrab. Sjt. Punjabhai Hirachand, un comerciante de Ahmedabad, había entrado en estrecho contacto con el Ashram y solía servirnos en diversos asuntos con un espíritu puro y desinteresado. Poseía una vasta experiencia sobre las cosas en Ahmedabad y se ofreció como voluntario para conseguirnos un terreno adecuado.

Salí con él a recorrer el norte y el sur de Kochrab en busca de tierra, y luego le sugerí que encontrara una parcela a tres o cuatro millas hacia el norte. Dio con el sitio actual.

Su cercanía a la Cárcel Central de Sabarmati constituía para mí un atractivo especial. Como ir a la cárcel se consideraba la suerte normal de los satyagrahis, me gustaba esta ubicación. Y sabía que los lugares seleccionados para las cárceles suelen tener un entorno limpio.

En unos ocho días se efectuó la venta. No había ningún edificio en el terreno ni ningún árbol. Pero su situación a la orilla del río y su soledad eran grandes ventajas.

Decidimos empezar viviendo bajo lona, y teniendo un cobertizo de hojalata como cocina, hasta que se construyeran las casas permanentes.

El Ashram había ido creciendo lentamente. Ya éramos más de cuarenta almas, entre hombres, mujeres y niños, que hacíamos nuestras comidas en una cocina común. Toda la concepción del traslado fue mía; la ejecución, como de costumbre, quedó a cargo de Maganlal.

Nuestras dificultades, antes de que tuviéramos una vivienda permanente, fueron grandes. Las lluvias eran inminentes, y había que conseguir provisiones de la ciudad a cuatro millas de distancia. El terreno, que había sido un yermo, estaba infestado de serpientes, y no era pequeño el riesgo de vivir con niños pequeños bajo tales condiciones. La regla general era no matar a las serpientes, aunque confieso que ninguno de nosotros se había despojado del miedo a estos reptiles, ni lo hemos hecho aún ahora.

La regla de no matar reptiles venenosos se ha practicado en su mayor parte en Phoenix, Tolstoy Farm y Sabarmati. En cada uno de estos lugares tuvimos que establecernos en terrenos baldíos. Sin embargo, no hemos tenido ninguna pérdida de vida ocasionada por mordeduras de serpiente.

Veo, con los ojos de la fe, en esta circunstancia la mano del Dios de la Misericordia. Que nadie objete esto, diciendo que Dios nunca puede ser parcial y que no tiene tiempo para inmiscuirse en los asuntos rutinarios de los hombres.

No tengo otro lenguaje para expresar la esencia del asunto, para describir esta experiencia mía uniforme. El lenguaje humano apenas puede describir imperfectamente los caminos de Dios. Soy consciente del hecho de que son indescriptibles e inescrutables. Pero si el hombre mortal se atreve a describirlos, no tiene mejor medio que su propio discurso inarticulado.

Aun si fuese una superstición creer que la inmunidad completa contra el daño durante veindicinco años, a pesar de una práctica bastante regular de la no muerte, no es un accidente fortuito sino una gracia de Dios, aun así abrazaría esa superstición.

Durante la huelga de los obreros textiles en Ahmedabad se estaban sentando los cimientos del cobertizo de tejido del Ashram. Pues la actividad principal del Ashram era entonces el tejido. Hasta ese momento no nos había sido posible hilar.

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