Codal
nydus/The Princess and the GoblinPublic
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XVIII. El hilo de Curdie

Su boca no era más grande que un pequeño ojal de botón hasta que se reía, momento en el que se estiraba de oreja a oreja⁠—solo que, para ser exactos, sus orejas estaban muy cerca de la mitad de sus mejillas.

Anxious to hear everything they might say, Curdie ventured to slide down a smooth part of the rock just under him, to a projection below, upon which he thought to rest. But whether he was not careful enough, or the projection gave way, down he came with a rush on the floor of the cavern, bringing with him a great rumbling shower of stones.

Los trasgos saltaron de sus asientos con más ira que consternación, pues jamás hasta entonces habían visto nada a qué temerle en el palacio.

Pero cuando vieron a Curdie con su piqueta en la mano, su furia se mezcló con el miedo, pues lo tomaron por el primero de una invasión de mineros.

El rey, no obstante, se estiró hasta alcanzar su altura total de cuatro pies, se ensanchó hasta su anchura total de tres y medio, pues era el más apuesto y cuadrado de todos los trasgos, y pavoneándose hasta llegar ante Curdie, se plantó con los pies abiertos frente a él y dijo con dignidad:

—Dígame, ¿qué derecho tiene a estar en mi palacio?

“El derecho de necesidad, Majestad”, contestó Curdie. “Perdí el camino y no sabía hacia dónde vagaba”.

“¿Cómo has entrado?”

“Junto a un agujero en la montaña”.

“¡Pero tú eres un minero! ¡Mira tu piqueta!”

Curdie did look at it, answering:

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