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nydus/The Princess and the GoblinPublic
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XIII. Las criaturas de los Cobs

Las criaturas de los Cob

Por entonces, los caballeros que el rey había dejado atrás para cuidar de la princesa tuvieron motivos para dudar del testimonio de sus propios ojos, pues más que extrañas eran las cosas de las que darían fe.

Eran de una sola clase —criaturas—, pero tan grotescas y deformes que se parecían más a los dibujos de un niño en su pizarra que a cualquier ser natural. Solo las veían por la noche, mientras hacían guardia alrededor de la casa.

El testimonio del hombre que informó por primera vez haber visto a una de ellas fue que, mientras caminaba lentamente alrededor de la casa, aún en la sombra, captó la silueta de una criatura parada sobre sus patas traseras a la luz de la luna, con las delanteras sobre el alféizar de una ventana, mirando hacia adentro. Su cuerpo podría haber sido el de un perro o un lobo, pensó, pero declaró bajo su palabra que su cabeza tenía el doble del tamaño que le correspondía para la medida de su cuerpo, y era redonda como una pelota; mientras que el rostro, que le dirigió al huir, se parecía más al que talla un muchacho en un nabo dentro del cual va a poner una vela que a cualquier otra cosa que pudiera imaginar.

La criatura se precipitó hacia el jardín. Él le disparó una flecha y creyó haberla alcanzado, pues soltó un aullido sobrenatural y no pudo encontrar su flecha ni a la bestia, a pesar de que buscó por todo el lugar donde había desaparecido. Se rieron de él hasta obligarlo a callar, y dijeron que debía de haberle dado un trago demasiado largo a la jarra de cerveza.

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