Encontró la ropa de cama revuelta y la mayor parte en el suelo, mientras que las prendas de la princesa estaban esparcidas por toda la habitación, la cual se encontraba en el mayor desorden.
Era demasiado evidente que los duendes habían estado allí, y Curdie ya no tenía ninguna duda de que ella había sido raptada desde el mismo comienzo de la incursión.
Con una punzada de desesperación, comprendió lo equivocados que habían estado al no asegurar al rey, a la reina y al príncipe; pero se determinó a encontrar y rescatar a la princesa como ella lo había encontrado y rescatado a él, o a afrontar el peor destino con el que los duendes pudieran condenarlo.