Codal
nydus/The Princess and the GoblinPublic
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V. La princesa prefiere no intervenir

mientras se comía su huevo; no uno cualquiera, pues siempre le escogían los de tono rosáceo.

—Te conseguiremos un huevo de paloma y tú misma lo juzgarás —dijo la enfermera.

—¡Oh, no, no! —replicó Irene, cayendo de repente en la cuenta de que podrían molestar a la anciana al ir a buscarlo y que, aun si no lo hacían, a consecuencia de ello ella se quedaría con uno menos.

—¡Qué criatura tan extraña eres —dijo la enfermera—, primero quieres una cosa y luego la rechazas!

Pero no lo dijo con enfado, y a la princesa nunca le importaban los comentarios que no fueran poco amistosos.

—Bueno, verás, Lootie, hay razones —replicó ella, y no dijo más, pues no quería sacar a relucir el tema de su anterior disputa, no fuera a ser que su niñera se ofreciera a irse antes de haber obtenido el permiso de su abuela para llevarla. Por supuesto, ella podría negarse a llevarla, pero entonces creería en ella menos que nunca.

Ahora la niñera, tal como ella misma dijo después, no podía estar en la habitación a cada instante; y como jamás, antes de ayer, le había dado la princesa el menor motivo de preocupación, aún no se le había pasado por la cabeza vigilarla más de cerca. Así pues, pronto le dio una oportunidad, y, a la primera que se presentó, Irene salió corriendo y subió las escaleras de nuevo.

La aventura de este día, sin embargo, no resultó como la de ayer, aunque empezó de la misma manera; y en verdad hoy se parece muy pocas veces a ayer, si la gente prestara atención a las diferencias, incluso cuando llueve. La princesa corrió por pasillo tras pasillo, y no pudo encontrar la escalera de la torre. Mi propia sospecha es que no había subido lo

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