abertura en la roca cerca de donde estaban, y se alejaba colina abajo a través del jardín. Luego se levantó y, dejando a Irene donde estaba, entró en la casa y mandó llamar a Lootie, con quien tuvo una conversación que la hizo llorar.
Cuando por la tarde se marchaba montado en su gran caballo blanco, dejaba atrás a seis de sus servidores, con la orden de que tres de ellos vigilasen fuera de la casa todas las noches, dando vueltas y más vueltas alrededor de ella desde la puesta del sol hasta el amanecer.
Era evidente que no estaba del todo tranquilo respecto a la princesa.