La princesa se inclinó, pasó los brazos alrededor del cuello de Curdie y lo besó en la boca, diciendo:
«¡Toma, Curdie! ¡Ahí tienes el beso que te prometí!».
Luego todos entraron en la casa, y la cocinera corrió a la cocina y los sirvientes a su trabajo.
Lootie vistió a Irene con sus ropas más relucientes, y el rey se quitó la armadura y se vistió de púrpura y oro; y enviaron un mensajero por Pedro y todos los mineros, y hubo un banquete grande y espléndido, que continuó mucho después de que la princesa fuera acostada.