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nydus/The Princess and the GoblinPublic
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XXIII. Curdie y su madre

Curdie y su madre

Curdie subió por la montaña sin silbar ni cantar, pues estaba molesto con Irene por haberlo engañado, como él decía; y estaba molesto consigo mismo por haberle hablado con tanta ira.

Su madre dio un grito de alegría al verlo y se puso inmediatamente a prepararle algo de comer, haciéndole preguntas todo el tiempo, a las que él no respondió tan alegremente como de costumbre.

Cuando su comida estuvo lista, ella lo dejó para que la comiera y se apresuró a ir a la mina para avisarle a su padre que estaba a salvo. Cuando regresó, lo encontró profundamente dormido sobre su cama; ni se despertó hasta que su padre llegó a casa por la noche.

—Ahora, Curdie —dijo su madre, mientras se sentaban a cenar—, cuéntanos toda la historia desde el principio hasta el final, tal como sucedió.

Curdie obedeció, y lo contó todo hasta el punto en que salieron a la campa en el jardín de la casa del rey.

—¿Y qué pasó después de eso? —preguntó su madre—. No nos lo has contado todo. Deberías estar muy feliz por haber escapado de esos demonios, y en vez de eso jamás te había visto tan sombrío. Debe de haber algo más. Además, no hablas de esa bella niña como a mí me gustaría escucharte. Ella te salvó la vida a riesgo de la suya, y aun así de algún modo no parece que le des mucha importancia.

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