suficiente, y estaba buscando en el segundo en vez de en el tercer piso. Cuando dio la vuelta para regresar, fracasó igualmente en su búsqueda de la escalera. Se había vuelto a perder.
Algo hizo que esta vez fuera aún más difícil de soportar, y no era de extrañar que volviera a llorar.
De repente se le ocurrió que había sido después de haber llorado antes cuando había encontrado la escalera de su abuela. Se levantó en el acto, se secó los ojos y se lanzó a una nueva búsqueda.
Esta vez, aunque no encontró lo que esperaba, halló lo que le seguía en importancia: no dio con una escalera que subía, sino con una que bajaba. Evidentemente no era la escalera por la que había subido, pero era mucho mejor que ninguna; así que bajó, y ya iba cantando alegremente antes de llegar al fondo.
Allí, para su sorpresa, se vio en la cocina. Aunque no se le permitía ir allí sola, su niñera la había llevado a menudo, y era la favorita de los sirvientes. De modo que hubo una avalancha general hacia ella en cuanto apareció, pues todos querían tenerla; y la noticia de dónde estaba llegó pronto a oídos de la niñera. Vino enseguida a buscarla; pero jamás sospechó cómo había llegado hasta allí, y la princesa guardó el secreto.
El no haber podido encontrar a la anciana no solo la decepcionó, sino que la dejó muy pensativa. A veces estuvo a punto de compartir la opinión de su niñera de que lo habíasoñado todo acerca de ella; pero esa ocurrencia nunca duraba mucho. Se preguntaba con frecuencia si volvería a verla jamás, y le parecía muy triste no haber podido encontrarla cuando más la necesitaba.