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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XXXVI.

Y todos los caciques le dieron muchas gracias por ello, y allí se otorgaron por vasallos de nuestro grande Emperador. Estos fueron los primeros vasallos que en la Nueva-España dieron la obediencia á su majestad.

Y luego Cortés les mandó que para otro dia, que era domingo de Ramos, muy de mañana viniesen al altar que hicimos, con sus hijos y mujeres, para que adorasen la santa imágen de Nuestra Señora y la Cruz; y asimismo les mandó que viniesen seis indios carpinteros, y que fuesen con nuestros carpinteros, y que en el pueblo de Cintia, adonde Dios Nuestro Señor fué servido de darnos aquella victoria de la batalla pasada, por mí referida, que hiciesen una cruz en un árbol grande que allí estaba, que llaman ceiba, é hiciéronla en aquel árbol á efecto que durase mucho, que con la corteza, que suele reverdecer, está siempre la cruz señalada.

Hecho esto mandó que aparejasen todas las canoas que tenian, para nos ayudar á embarcar, porque aquel santo dia nos queriamos hacer á la vela, porque en aquella sazon vinieron dos pilotos á decir á Cortés que estaban en gran riesgo los navíos por amor del Norte, que es travesía.

Y otro dia muy de mañana vinieron todos los caciques y principales con todas sus mujeres é hijos, y estaban ya en el patio donde teniamos la iglesia y cruz, y muchos ramos cortados para andar en procesion; y desque los caciques vimos juntos, Cortés y todos los capitanes á una con gran devocion anduvimos una muy devota procesion, y el padre de la Merced y Juan Diaz el Clérigo revestidos, y se dijo Misa, y adoramos y besamos la Santa Cruz, y los caciques é indios mirándonos.

Y hecha nuestra solemne fiesta segun el tiempo, vinieron los principales é trajeron á Cortés diez gallinas y pescado asado é otras legumbres, é nos despedimos dellos, y siempre Cortés encomendándoles la santa imágen de Nuestra Señora y las santas Cruces, y que las tuviesen muy limpias, y

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